El Enojo del Deportista

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El enojo es una descarga y por eso, tiene su lado positivo y su lado negativo. Si la descarga es rápida y corta y le permite al jugador volver a encontrar su estado de compresión interna óptimo, es positiva.

Por otro lado, es una señal de estar dando pelea, de considerar que lo que se está haciendo es valioso e importa. Pero si, después de enojarse, el deportista queda desestabilizado y necesita mucho tiempo para volver al estado óptimo de compresión, entonces no es buen negocio.

Tipos de enojo

Hay distintos tipos de enojos, el enojo del emocional, que se ahoga en sus emociones, y enojo del inteligente racional, porque no entiende lo que pasa o lo que pasó, se frustra y se enoja porque no entiende.

Enojarse es una estación en el camino hacia el alto rendimiento. Nadie llega al alto rendimiento si no pasó por la estación de enojarse sin control. Claro que para mejorar, esa estación tiene que ser superada, pero nadie llega al alto rendimiento si no pasó por eso.

No dejes que el enojo te haga cerrarte sobre vos mismo

La dificultad la encontramos cuando a un golfista que está enojado no se le puede hablar. Una cosa es estar enojado y otra es convertirse en una persona intratable. La concentración en el juego no debe impedir la posibilidad de diálogo con los miembros del equipo.

Así como ese diálogo es un claro diagnóstico de que el jugador no se cerró sobre sí mismo frente a las dificultades del juego, si el jugador, en medio de su frustración se está cerrando, debe recurrir más que nunca al contacto con su equipo.

El tiempo de resolver el enojo

Enojarse es como estar deshidratado. Así como en el mundo del rendimiento físico se dice “si tenés sed, es tarde”, en el mundo del rendimiento mental, es “si te enojaste, es tarde”. El problema estaba antes, había que verlo antes y resolverlo antes.

Todos tienen derecho a enojarse, pero enojarse es un indicador de bajo rendimiento mental, salvo muy escasas excepciones, que no llegan al uno por ciento.

Como decía Aristóteles: “Cualquiera puede enojarse, eso es fácil, pero estar enojado con la persona correcta, en el grado de enojo correcto, en el momento correcto, por el motivo correcto y con razón; eso es difícil, eso no lo hace cualquiera”.

Por otro lado, si todavía no están resueltas las cosas que llevan a ese enojo, hay que ir resolviendo los grados de avance. No es lo mismo estar enojado 10 segundos, que 50 minutos.

Hay que tomar conciencia del enojo

El enojo tiene que ser registrado y percibido por el deportista. Pero puede ser que no lo perciba, o que registre un enojo que no es tal. Puede ser que el grado de concentración del jugador lo lleve a un nivel de desconexión y que alguien de afuera suponga que está enojado cuando en realidad no lo está.

El jugador tiene que tomar conciencia que estando enojado, más allá de la descompresión de tensión, no juega mejor. El estado para que salga el mejor juego, definitivamente no es el enojo. En todo caso será un mal necesario para una situación particular, pero no una modalidad para resolver lo mental.

Enojarse es un modo de evacuar el exceso de expectativas y de miedos que la mente fue recolectando sin poder procesar.  El enojo y el fastidio te marcan el exceso de expectativas. Cuando un jugador está enojado se desconecta y pierde esa fineza de sensibilidad que tiene cuando está conectado.

El Enojo y los Nervios

La bronca y el enojo muchas veces aparecen cuando uno sabía que estaba nervioso y las cosas empiezan a salir mal por eso.

Con esto quiero decir, que puede suceder que un jugador antes de realizar un tiro sienta que está nervioso, pero en vez de hacerse cargo de eso, empieza a pensar que tiene que tener confianza, que tiene que estar seguro de lo que va a hacer y que “él puede”.

Sin embargo, es probable que se sienta así debido a que quizás no viene teniendo un buen rendimiento durante el torneo o porque no está teniendo su mejor día. Puede ser que no se sienta seguro por distintas razones, pero opta por tapar ese miedo con la confianza.

Entonces realiza un tiro fallido y se enoja. No sólo se enoja con el tiro, sino con él mismo, porque sabía que antes de pegarle no estaba bien.

Por más que intentó no sentir los nervios, igual los tenía. Es decir, que el enojo posterior denota que el jugador no estaba bien antes de pegarle y lo sabía por más que quisiera “hacerse” el confiado.

No es lo mismo que un error lo agarre a uno desprevenido y que suceda sin previo aviso, que cuando uno con antelación ya sabe que es muy posible que el tiro no salga bien y le pega igual, sin detenerse a pensar para cambiar la situación.

Lo que el jugador no se puede perdonar es que ya había notado algo malo, ya sabía que eso podía pasar y no hizo nada para evitarlo.

El Enojo del Enojo

Estar enojado está bien, lo que está mal es el enojo del enojo. Enojarse está bien cuando es una manifestación de algo. Es decir, a lo sumo lo que habrá que revisar es aquello que la provoca, pero en sí la manifestación no es errónea.

Pero muchas veces sucede, que uno se enoja porque se enoja y quizás esta reacción sea análoga a cuando uno se enoja porque se angustia o se entristece. Entonces, el primer enojo sería de naturaleza más bien automática y luego vendría como segundo paso el enojo por reaccionar así.

¿Qué puede pasar con ese segundo enojo?

Cuando uno se enoja por reaccionar mal, pueden pasar dos cosas: puede significar el primer paso para entender el enojo y de su causa y, por otro lado puede derivar en la profundización del primer enojo.

En primer lugar, el enojo puede ser un primer eslabón para encontrarle una solución en cuanto la persona detecta que no se encuentra conforme con su enfado y decide tratar de entenderlo.

En segundo lugar, puede suceder que la persona comience a disgustarse cada vez más y que esa irritación comience a aumentar en escalada hasta llegar a un punto sin retorno.

Rafa Beltrán

Seguí leyendo: El que se Enoja, Pierde ¿Cómo Manejarlo?

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